martes, septiembre 4

Hit the road boy.



Las primeras gotas en el parabrisas
se sentían como unas de sus muchas lágrimas
llenas de maquillaje cayendo sobre mi clavícula.

Poco después una cortina de lágrimas
llenó cada minúscula zanja de mi aliento,
cerré los ojos por miedo o quizás desasosiego,
buscando un refugio de sus olas
o de los huracanes en los que me sentía
cada una de las veces que nos abrazamos sin cobardía.

Me imaginé sobre un bote
remando sobre un imperturbable mar,
después de unos pocos segundos
una cascada de agua por la ventana
y un ruidoso claxon en su pasar
sacaron mi cuerpo ahogado de ese lugar,
de nuevo a la realidad.