domingo, septiembre 9

Maridajes


La lechera empezó a llenar una taza de porcelana adornada en flores amarillas y naranjas, poco a poco la leche tibia acorralaba todo el fondo mientras una translucida estela de vapor salía por las orillas de la taza, el subir de esa diminuta marea fue levemente perturbado por el pulso de una mano y el sonido de unos besos apasionados alrededor.

A punto de desbordar la lechera alzó su boquilla, un gesto francamente insuficiente, ya que la última gota de la boca cayó sobre aquella tensa superficie. Solamente eso bastó, para que una onda provocara una enorme ola que rebosó el borde de la taza, derramando un inmenso mar sobre la mesa de vidrio con bordes marmolados, aunque nada de eso importó, pues una mano buscando apoyo sobre ese mar de leche se posó sin la más mínima intención de que desapareciera. La mano se alzó y las gotas terminaron en el cuello de una amada.