La lechera empezó a llenar una taza de
porcelana adornada en flores amarillas y naranjas, poco a poco la leche tibia acorralaba
todo el fondo mientras una translucida estela de vapor salía por las orillas de
la taza, el subir de esa diminuta marea fue levemente perturbado por el pulso
de una mano y el sonido de unos besos apasionados alrededor.
A punto de desbordar la lechera alzó
su boquilla, un gesto francamente insuficiente, ya que la última gota de la
boca cayó sobre aquella tensa superficie. Solamente eso bastó, para que una
onda provocara una enorme ola que rebosó el borde de la taza, derramando un
inmenso mar sobre la mesa de vidrio con bordes marmolados, aunque nada de eso importó, pues una mano buscando
apoyo sobre ese mar de leche se posó sin la más mínima intención de que
desapareciera. La mano se alzó y las gotas terminaron en el cuello de una
amada.