lunes, septiembre 10

The Art of Affection

Me habitaba solo en el balcón, mirando a la puerta hasta que el sonido de las llaves fue anfitrión del rechinar de la puerta, te vi caminar hacia mí mientras sonaba Mujer Divina pero no la de Joe Cuba, la de Natalia Lafourcade. Tu caminar con sensualidad nos llevó a estar de frente, a un par de centímetros, vi tu cara cambiar y te besé con calor, tu cuerpo sin compasión siguió caminando en la misma dirección, prensando mi cuerpo contra la barandilla, eran tan fuerte tu empujar que empecé a trepar los peldaños de espalda, pues de tu boca no me iba a soltar.

Llegó el momento, estaba afuera del balcón -todavía besándonos-, levitando y tú aún podías tocar el suelo, lloré porque en algún momento pensé que sólo yo iba a caer, sin embargo, antes de empezar a recordar toda mi vida, tú empezaste a subir uno a uno, hasta quedar sentada sobre la orilla, bajaste en un pequeño brinco y ¡TARÁN!, ninguno de nosotros cayó.

El mismo besar nos acostó en el aire, aunque no entendí porque nos movíamos horizontalmente en un eterno desplazar, estaba bien estar colgando de tus labios y tú del fondo del cielo. Me pregunto si algún día cuando nos dejemos de besar, caeré yo o quizás tú, probablemente los dos, quizás de pie o ambos de pecho.