Debo aceptar que soy tóxico,
lo sé por mi relación con la poesía,
la busco cuando me siento mal,
una que otra vez cuando me siento bien,
ella está ahí siempre para mí
y yo nunca voy a ella para hacerla reír,
llego a sus hojas para consolar
el triste cantar de mis más sinceras lagrimas,
leo y releo con pasión y paciencia,
aunque no la olvido,
tampoco la recuerdo.