Hay veces en las que me siento como una hoja, la primera de
un libro, la que todos pasan pero así se detengan por un momento en ella, no
deja nada, no es algo para recordar, si algún día sirve para algo, será para
cargar otro nombre.
Otras veces en las que me siento como una hoja, la primera
de una rama, la que se seca para no llevar ni una lagrima al suelo, no deja
nada, no es algo para otro árbol, si algún día sirve para algo, será para
prender otro fuego.
En las últimas veces me siento una vez, la primera vez de las
veces, en la que todos sienten, pero nadie siente por ella, no deja nada, no es
algo para recordar, si algún día sirve para algo, será para vivir una segunda
primera vez.
Quizás lo mejor es que me quede de pie, saboreando la
sensación de lo notable de la ausencia, aunque por mi lado piense
en la complicidad entre la pasta y la primera letra impresa.