Tanto pesa
el reflejo de nosotros en el tiempo,
que poco
crece en los bordes del espejo,
ni para
adornarte la cabeza
o para
llenar de flores tu cabellera.
Dios quiera
que algún día te vieras
en donde
nada echa raíces,
un lugar
donde la nada suele ir a llorar,
donde no
crece el amar.
La brisa de
agosto baila en tu llanto,
alardea el
verte llorar,
quizás
porque con ese maquillaje santo
tus
lagrimas parecen gotas de mar.
La playa en
un calor infernal se hizo cristal,
que nadie
más la sienta al caminar,
para que
tengas la oportunidad
de ver tu
alma llorar.