Cada vez que nos vimos no recuerdo la hora, el lugar o como estaba vestido, sólo recuerdo que me hice un río. El día que nos separamos en una de esas tantas veces, lloré, sin saber que haríamos nuestras vidas en diferentes senderos... mi vida fue tan feliz con y después de ella que la felicidad sólo me daba ganas de llorar.
Con el tiempo aprendí a vivir con ella sin ella, es decir, no la veía pero ella estaba donde yo estaba. Después de esa joven adultez nos vimos un par de veces en unos muchos años y cada vez que la vi lloré, conoció a mis hijos y conocí los suyos. La pensé mucho tiempo y creo que todavía lo sigo haciendo, volví a amar y creo que ella lo hizo también (aunque sinceramente nunca fue buena diciéndolo ella era más de sentir) en todo caso ni el tiempo ha apagado el río que llevo dentro cuando la veo.
Hoy a punto de morir sé que no la veré más, la memoria para un muerto no es un buen cajón de recuerdos, no la veré más con este cuerpo ni estos ojos cansados de tanto llorar de felicidad, si todo sale bien me verá bajar en una habitación de madera a unos tres metros bajo tierra, supongo que estarán todos allí, pero no es el primer funeral al que vamos juntos.
Recuerdo una vez que fuimos a uno solamente los dos, ese día enterramos mi tristeza y a un viejo yo. Siempre lo llevo presente como la primera vez que lloramos juntos. Como no voy a alcanzar a preguntarle sólo espero que en su vida también haya podido enterrar la tristeza que la gobernaba y haya vuelto a llorar porque en su cuerpo no cabía más felicidad.