sábado, enero 5

Syngnathus hippocampus


Las gotas frenéticas cayendo sobre mi pecho, rompiéndose en moléculas con ancas de rana, mientras en el suelo las ondas empiezan a chocar con las baldosas iluminadas por a fría luz blanca, que ciertamente frente al espejo hace de juez; la piel se arruga como tela usada, mientras alguien intenta abrir abruptamente la puerta con la esperanza de encontrar el amor de su vida muerto. Solamente con detenerse a tocar dos veces bastó para que el cuerpo de aquel caballo de mar saliera a retorcerse sobre el tapete de su hogar, por primera vez un hombre ahogado volvió a respirar.